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El sector educativo, rehén del “mobbing”
El Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2007-2012, en la estrategia 3.5 del Eje Rector “Igualdad de Oportunidades” contiene el compromiso de promover acciones para fomentar una vida sin violencia, ni discriminación y una auténtica cultura de la igualdad a través de la transversalidad de la perspectiva de género, técnica vinculante para desarrollar las acciones y de esta manera generar una cultura nacional donde impere el respeto entre iguales, mujeres y hombres ejerciendo sus derechos a plenitud.
En consonancia con el PND y para reforzar el impulso a la igualdad de los derechos de los individuos, surge el Programa Nacional para la Igualdad entre Mujeres y Hombres 2008-2012, formulado para ofrecer cabal cumplimiento a la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, la Ley del INMUJERES y contribuir al logro de los objetivos, estrategias y prioridades. Sin duda, el programa se erige como un muro de contención que pretende evitar la reproducción de prácticas estereotipadas, discriminatorias y sexistas, promoviendo la equidad entre los géneros como criterio de las acciones cotidianas en la escuela y en la comunidad escolar, creando vínculos formativos para el trabajo interdisciplinario y colectivo.
En este tenor, la Subsecretaría de Educación Básica a través de la Dirección General de Formación Continua de Maestros en Servicio (DGFCMS) ha señalado que una de las prioridades del sector educativo mexicano es plantear la escuela como un espacio de crecimiento y sociabilización para la promoción de los derechos humanos e incidir en la capacidad de de fomentar relaciones satisfactorias no violentas.
Sin embargo, por increíble que parezca uno de las esferas mayormente afectadas por el “mobbing” es el sector educativo, evidencia empírica revela que en Sonora cinco de cada 10 planteles educativos del sistema básico oficial, al menos, durante los últimos años, han presentado severos signos de salvajismo moral en contra de uno o varios miembros del personal sin importar su nivel jerárquico, sexo o actividad desempeñada en la estructura organizacional.
Con frecuencia diversos medios de comunicación difunden noticias que acaparan la atención de la población con asuntos que enmascaran una problemática laboral y/o social que se especula se sobredimensionó y trascendió las paredes de la institución, derivado de la presunta incompetencia profesional o comportamiento errático de la persona que el victimario ha designado “presa” de calumnias, bromas, injurias, hostilidades, envidias, amenazas y vacío social, entre otras… en un intento fallido por ajustar su conducta laboral a la “cultura” y “normas” del grupo que maneja el statu quo de la organización, sin embargo, la población no alcanza a percibir y menos poseer consciencia plena del complejo fenómeno que ocurre al interior de la institución y que legitima con su silencio, así como, con el morbo que les produce la crónica y proporcionan a sus sentidos un accesible canal a la manipulación que el hostigador hace del escenario y la comunicación.
Y, mientras la víctima lucha por salir airosa del ambiente turbulento y su situación de indefensión, los tomadores de las decisiones en la cúpula de la estructura educativa y sindical, juegan a hacer política, manteniéndose distante de la cruenta escena, confirmando con esta actitud su carencia de sensibilidad a la nebulosa psicosocial que revoca los derechos humanos, atropella el decoro y las buenas costumbres y, que… además contribuye a la descomposición del clima organizacional al consentir la práctica de actos inhumanos y colocar en situación de riesgo a sus integrantes.
Ante este tipo de conductas, las claves del engaño dialéctico de un “mobber” se encuentran en las paradojas de la conducta y el lenguaje extendido -en todas sus manifestaciones- contra la víctima y su medio de desarrollo con la intención no sólo de dañar, sino, provocar que dichas tácticas generen un resultado beneficioso para el manipulador. Según Piñuel, el acosador se asemeja a un “asesino en serie” y que usualmente posee en su haber experiencias similares de atentado laboral contra otras personas y sugiere poner especial atención en las siguientes características:
- Incitador. - Capacidad superficial de encanto. - Estilo de vida parasitario. - Sentido grandioso de sus propios méritos. - Mentira sistemática y compulsiva. - Ausencia de remordimientos o sentido de la culpabilidad. - Manipulación.
Parés Soliva (2002) sostiene que: “El acoso es un fenómeno terrorífico e inhumano. No conoce los estados de ánimo, ni la piedad. Los compañeros de trabajo, por bajeza, por envidia, por egoísmo o por miedo, prefieren mantenerse al margen y el proceso sólo se detiene cuando alguien con cierto poder reacciona de un modo sano”.
Es pertinente destacar, el instigador actúa bajo un plan preconcebido y emplea la comunicación como un instrumento de operación perversa que por un lado pretende ocultar el proceder de su violencia y por otro utiliza información privilegiada para perjudicar, para ello, utiliza a su “camarilla” o “gang de acoso”, encargados de expandir rumores, insidias y malentendidos que estigmatizan a su víctima, cuyo propósito esencial será que el entorno no ponga “ningún“ obstáculos en el juego retorcido y corrompido de su autor intelectual -acosador-, quien, además… suele establecer relaciones de doble vínculo con sus aliados, negando el paso a la objetividad, inhibiendo su razonamiento, ofreciendo “ciertos” privilegios que aunado a la implementación de estrategias psicológicas y antimonias semánticas seduce el entorno e induce a que conciban que el conspirador principal es un iluminado que arriba al lugar para defenderlos y liberarlos de la “supuesta” opresión.
Aquí, radica la importancia del análisis del lenguaje y para lograr descifrar las incongruencias de los mensajes es recomendable que los receptores descubran en el acosador las expresiones utilizadas, los esquemas mentales, los planteamientos y procedimientos estratégicos a través del significado “efectivo” de las palabras: TALISMÁN, DILEMA, DISCURSO FALSO y MALEDICENCIA, sugiriendo soliciten concreciones prácticas, analizar la aparente exclusión a inclinarse por una u otra opción, manejo ambiguo de la argumentación, la recurrencia de insinuaciones malintencionadas, el ataque anónimo y envolvente para no “ofrecer” posibilidad de defensa a la víctima, “todo” en el marco de las relaciones laborales, mismas que debieran resguardarse con el afán de disminuir los riesgos psicosociales de la salud en los profesionales de la educación.
Comunicación Paradójica.
Durante el proceso del acoso moral la paradoja se instaura fehacientemente, tanto a nivel del lenguaje como a nivel de conducta, esta última incorpora la comunicación “no verbal” -cuchicheo, encogimiento de hombros, suspiros exagerados, indirectas, aplausos fuera de lugar, miradas de desprecio- y lo actos de “no” comunicación -ignorar un saludo, no responder a una pregunta, dar la espalda, actuar como si la persona no existiese y negarse a realizar “alguna” función en caso de tratarse de la víctima-.
¿Cómo identificar a un mobber…?
Marina Parés, especialista en “mobbing” expone que para detectar a un acosador es necesario observar sus relaciones interpersonales caracterizadas por su operatividad, regularmente propensas a tener amistades provechosas y con “cualidades” personales que considera altamente atractivas, en consecuencia mostrará poco o nulo interés por las personas sencillas y, subraya, se debe poner especial atención al comportamiento del instigador, quien habitúa a atribuir a su víctima actitudes de mala fe, prepotencia, abuso de poder o confianza sin poseer prueba de ello.
En tanto, el Lic. Armando Elizondo Almeida recomienda a las víctimas de mobbing documentar y registrar las agresiones, asimismo, proteger los documentos en un sitio seguro, controlar sus emociones, hacer pública la violencia a que está sometida y dar respuesta de manera asertiva a las calumnias y críticas del “mobber” a sabiendas de que el hostigador no cesará en su empeño de desacreditación con la intención de mantener el acoso psicológico, incluso, puede llegar a ser más incisivo para que la persona hostigada no realice ningún movimiento de defensa.
Por otra parte, la conducta patológica del “mobber” se hace patente con el deseo insano del ejercicio del control territorial y sentimiento de omnipotencia que lo conducen a proferir amenazas encubiertas o condicionadas, acciones punitivas y dirigidas explícitamente hacia el status y seguridad laboral del acosado, o bien, su entorno próximo, ilícitos tipificados en diversas leyes del derecho en México y Sonora. Según Parés Soliva, “ser menos vulnerables a la manipulación nos permitirá diferenciar al acosador de la víctima y también nos será útil para distinguir entre el instigador del acoso y sus simpatizantes”.
Desde luego, ante situaciones de acoso moral en las instituciones educativas la dependencia tendrá que contemplar la implementación de enfoques globales que combatan la fuente generadora de violencia, en caso contrario… este modelo pernicioso de comportamiento se reforzará y extenderá a otros centros escolares al advertir la complacencia de la Secretaría de Educación y el S.N.T.E., lo cual, representa fructífera ganancia para el acosador al poseer terreno fértil para la operación habitual de prácticas nefastas de relación interpersonal en el seno de la organización, convirtiéndola en un contexto perjudicial para el desarrollo humano.
En este sentido, lamentable resulta descubrir la negligencia, colusión, omisión, nulas medidas preventivas, específicas, múltiples, inmediatas, favorables a la participación y a largo plazo por una instancia promotora de valores para la vida, impulsora de la cultura de la legalidad, protagonista en la cultura democrática y equitativa, participante activa en la construcción genérica de la identidad de hombres y mujeres, generadora de espacios de reflexión y formación dirigida al conocimiento y visualización de la problemática que engloba el entorno social para la transformación de relaciones basadas en roles estereotipados que atentan contra la dignidad humana, situación que, la convierte en copartícipe del hostigamiento contra el personal ultrajado y deshonrado, que… desde el punto de vista de Leymann: “esta despreocupación por parte de la empresa y del entorno podría mostrarse, casi como el motivo más importante para el origen del acoso laboral”.
En razón de lo anterior, no está demás hacer un llamado urgente a las autoridades educativas, a la estructura sindical, a los legisladores, a las organizaciones no gubernamentales y a la sociedad civil a trabajar en la modificación de esquemas culturales de comportamiento e impulsar los derechos de los individuos en todos los ámbitos donde se desempeñen, el propósito es prioritario… detener la violencia en cualquiera de sus manifestaciones.
Continuará la próxima semana… parte II de III.
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