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Enorme bola de fuego cruza Colombia

lunes, 06 septiembre 2010

BOGOTÁ, COLOMBIA. 1009.05.— Las autoridades colombianas indagan si una enorme bola de fuego celestial que cruzó hoy el espacio de varios municipios del departamento de Santander,...
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Dario
Shala-lala-lala

Darío Arredondo
HERMOSILLO, SONORA. 1008.21.—
En medio de ovaciones, chiflidos y gritos de entusiasmo, se prepara la celebración de las doscientas representaciones del gustado espectáculo llamado México, la cual iniciará con una magna gala que lleva el original nombre de El Bicentenario.

Los ejecutivos de Televisa no caben de gusto y el entusiasmo derrochado tendrá como contrapartida los más jugosos ingresos por concepto de logística, producción, creatividad, puesta en escena y publicidad. Cabe decir que la empresa no ha escatimado en gastos y manejo de relaciones públicas, que incluye de manera destacada a los funcionarios gubernamentales y dirigentes políticos emanados del PAN, PRI y fauna menor que pulula en el estanque de la política nacional. El mismo Felipe Calderón ha expresado la importancia y trascendencia del ejercicio demagógico del optimismo televisivo, al que se han integrado personalidades del mundo de la farándula con gran presencia en los espacios educativos y de opinión pública: Salma Hayek, por ejemplo, nos ilustra orográficamente al revelar que las montañas se construyen gracias a la acumulación de granitos de arena, por lo que usted y yo, si nos lo proponemos, podremos remodelar la Sierra Madre Occidental y Oriental, el Nudo Mixteco y las alturas del Popocatepetl y el Iztaccihuatl.

La magia del entusiasmo televisivo se vio altamente fortalecida cuando el célebre musicalizador de promocionales y eventos de concurso Aleks Syntek unió esfuerzos con Jaime López, creando la música y la letra oficiales del evento. El tema oficial del Bicentenario de México se llama “El futuro es milenario”, con lo que la cuerda nacional no se acaba a la vuelta de un siglo más, ni dos, ni tres, sino que nuestro horizonte es más amplio, es… ¡milenario!

La canción del bicentenario nos apabulla con su inteligente letra y su sensacional música, llena de alusiones sobre el maravilloso mundo de las frases hechas, los lugares comunes y la sincronía que logran con el oído acostumbrado a los comerciales de detergentes y aromatizadores ambientales: ¡Shala-lala-lala!

Tan impactante aporte, servirá para persuadirnos de las bondades de la redundancia, los propósitos educativos de la mercadotecnia y la versatilidad de nuestro destino común en manos de las propietarias de la fibra óptica, el espacio electromagnético, la operación satelital y los gustos y preferencias políticamente correctos. Las televisoras nos marcan el rumbo nacional a partir de la Iniciativa México, el consumo de refrescos y fritangas y las rutinas noticiosas donde el payasito de la tele se solemniza en una vaga referencia al guasón y pontifica en El Noticiero sobre la libertad de expresión.

Las iniciativas y el rumbo nacional deben pasar por el filtro de las ondas hertzianas y las antenas omnipotentes de Chapultepec 18 o el Ajusco, para ser validadas en el inconsciente colectivo de una población sumida en la modorra de otro sexenio perdido y otra década prendida en las cenagosas aguas de una relación tan fallida como espuria entre la derecha y la izquierda oficiales, entre el pasado cada vez más monocromático y difuso y el futuro cada vez más sujeto a los cortes comerciales y a los caprichos de los patrocinadores.

El tema oficial del Bicentenario es como la fecha que se celebra: una formalidad onomástica de cuya oquedad hablan los fracasos gubernamentales de cada día, la venalidad y el sin sentido de las decisiones de la Suprema Corte, la trivialidad de la izquierda oficial, el derrumbe de la seguridad social, familiar e individual, la cancelación del futuro para los pensionados y jubilados, para los jóvenes “ninis”, para los trabajadores eventuales, para los aspirantes a estudiante en épocas de exclusión, entre otros muchos rechazados y marginados que viven la pasión del futbol, de la telenovela en curso, de las noticias al estilo de Brozo, de Loret el pequeño, de Ciro y la Denise, vendedores de espejitos y cuentas de colores, de la prostitución periodística vestida de arrogancia, de la maravilla cromática que se revela en forma de corbata  color rosa, como si la forma fuera fondo.

Pero mientras usted y yo comentamos estos detalles, la música toca y toca, sacudiendo la conciencia histórica con un mantra nuevo, reluciente, oropelezco y anencefálico, televisivo y comercializable: ¡Shala-lala-lala…! El tema del Bicentenario. 

“notas sueltas” en http://jdarredondo.blogspot.com


 
 
 
 

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